Asfura va por inversión y CIADI mientras discurre entre EEUU y su ofensiva frente a China

Tegucigalpa (Proceso Digital) – El gobierno de Nasry Asfura inicia su segundo mes de gobierno marcado por desafíos profundos que tienen que ver con geopolítica, inversión, seguridad jurídica, transparencia e institucionalidad. Todo ello para lograr la ansiada prosperidad que urgen los desatendidos y empobrecidos hondureños.

Asfura prevé oficializar el 6 de marzo la reincorporación de Honduras al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) en Washington, revirtiendo la denuncia del convenio que la administración de Xiomara Castro presentó el 24 de febrero de 2024 ante el referido organismo, que forma parte del Grupo Banco Mundial, como respuesta a la acumulación de demandas millonarias contra el Estado.

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La decisión del retorno al mecanismo se presenta como una señal de estabilidad jurídica y de compromiso con reglas claras para la protección de la inversión extranjera directa, todo ello, tras una salida efectiva, luego del cumplimiento de plazos legales, en agosto de 2024, misma que activó las alarmas entre inversionistas y sectores financieros.

La medida significó que Honduras dejó de ser parte del principal mecanismo internacional de arbitraje entre inversionistas y Estados.

Ahora, el gobierno hondureño, ha indicado que el retorno al CIADI busca frenar la fuga de capital, mejorar la imagen del país ante organismos multilaterales y dar certidumbre a empresas interesadas en proyectos de infraestructura, energía y sectores exportadores.

La medida ha sido respaldada por la iniciativa privada a través de sus organizaciones gremiales quienes consideran necesario contar con mecanismos alternos de arbitraje internacional expeditos y previsibles.

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El retorno al CIADI es un poderoso mensaje a los inversionistas y los mercados que Honduras trabaja para crear un entorno amigable para los negocios y entre ellos se encuentra el más importante: la certidumbre que se ofrece a los inversionistas que arriesgan su capital que el país respetará las reglas y en caso de controversia hay una instancia arbitral calificada y aceptada por las partes.

Trump convoca para el 7 de marzo a cumbre presidencial con sus aliados en América Latina para frenar la ofensiva regional de China.

Cumbre impulsada por EE. UU. para contener a China

El potencial retorno del país al mecanismo de arbitraje internacional, también coincide con el endurecimiento de la postura de Washington frente a la expansión de China en América Latina, liderada por el propio presidente estadounidense Donald Trump.

El mandatario de los EE. UU. convocó a un bloque de gobiernos latinoamericanos a una cumbre en Doral, Florida, para articular y fortalecer un bloque político y económico que frene el avance de Beijing en sectores clave como recursos naturales, producción alimentaria, infraestructura y rutas comerciales.

La estrategia de Casa Blanca está enmarcada en el corolario Donroe, una actualización trumpista de la doctrina Monroe, que busca acentuar el liderazgo absoluto de los Estados Unidos en el hemisferio occidental, como lo consiguieron en el siglo XIX y que ha sido desafiado por Pekín en el presente siglo XXI.

Así como el siglo XX estuvo marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética —una disputa que terminó con el colapso soviético—, el siglo XXI se perfila como el escenario de la pugna entre Washington y una China en ascenso. Para Estados Unidos, contener a Pekín es esencial para preservar su condición de potencia hegemónica.

La estrategia no es nueva. Retoma la doctrina de “contención” diseñada por George Kennan durante la Guerra Fría. Desde su retorno a la Casa Blanca, Trump ha profundizado ese enfoque: impuso aranceles, desató una guerra tecnológica y bloqueó el acceso chino a chips de alta gama, entre otras medidas.

Mientras tanto, China aprovechó décadas de desatención estadounidense hacia Latinoamérica —lo que los académicos llaman “negligencia benigna”— para expandir su presencia mediante comercio, inversiones y financiamiento. Rusia, tras recuperarse del colapso soviético, también ha buscado recuperar influencia en la región.

En este contexto, vale destacar la cercana relación entre el presidente hondureño Nasry Asfura y su par estadounidense Donald Trump, lo que coloca al primero dentro de cualquier lineamiento estratégico regional de Washington.

Para Honduras, esta cercanía podría representar acceso a cooperación, especialmente a inversión estadounidense e igualmente apoyo en temas migratorios y políticos.

Asfura en su apenas segundo mes dirigiendo Honduras, tratando de equilibrar entre las tensiones geopolíticas, la obligación de reactivar la economía y generar empleos dignos.

Inversiones en el centro de las políticas de Asfura

A la agenda geopolítica, el recién estrenado presidente de Honduras, quien apenas inicia su segundo mes al frente del Ejecutivo, ha sumado el mantenido de una fuerte ofensiva de diplomacia económica orientada a captar inversión extranjera directa y recolocar a su país como socio confiable en la región centroamericana.

En ese ámbito, las visitas y reuniones de Asfura con el poder de Washington han sido constantes, aun desde que se le declaró presidente electo. En todas esas conversaciones Asfura ha primado la inversión y el comercio, remarcando sectores como la maquila, energía, el potencial canal interoceánico y otras infraestructuras claves y la industria como centro de sus políticas públicas.

Así, las políticas públicas del nuevo gobierno subrayan el regreso al CIADI, la reforma del aparato estatal para lo cual se aprobó una Ley que permite achicar el Estado, la estabilidad macroeconómica y reglas claras que reviertan la desconfianza y sirvan de remedio ante la desproporcionada burocracia estatal que se ensanchó de manera extraordinaria en la administración de la izquierdista Xiomara Castro.

En este escenario global, donde atraer inversiones y lograr cooperación, en medio de una férrea competencia en la que también priman los minerales especiales o tierras raras y las nuevas dinámicas en las cadenas de suministros, Honduras enfrenta un poderoso e ineludible reto : velar por estándares laborales y trabajos dignos; fortalecer la erosionada institucionalidad, priorizar en adecuadas condiciones ambientales y un tema clave para Honduras: contener la estrepitosa corrupción que coloca al país en los peores índices jamás registrados en su reciente historia, tras el retorno a la democracia a inicios de la década de los 80’s del siglo pasado.

(LEER) Honduras se hunde en el índice de corrupción 2025: retroceso y un Estado capturado

Un recién divulgado informe de Transparencia Internacional (TI), indica que Honduras continúa en caída libre, anclada entre los países con mayor percepción de corrupción del mundo.

El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025 (último año de la gestión de Libre), elaborado por Transparencia Internacional, asigna al país 22 puntos de 100 y lo ubica en la posición 157 de 182 naciones evaluadas, tres escalones por debajo del año anterior.

El dato confirma no solo la falta de avances, sino un deterioro relativo: mientras otros países progresan, Honduras permanece atrapada en patrones persistentes de corrupción e impunidad.

Así, Asfura camina en su apenas segundo mes dirigiendo los destinos de Honduras, tratando de equilibrar entre las tensiones geopolíticas, la obligación de reactivar la economía y generar empleos dignos, disminuir la marcada desigualdad y la obligada reconstrucción del Estado, con cimientos sólidos en términos de transparencia y prosperidad.

Al final del día, los hondureños de a pie, en un país con más de 60% de pobreza, requieren respuestas tangibles que cambien sus maltrechas vidas. (PD).

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