
Periodista
Ver al Alcalde de Yuscarán, El Paraíso, Johny Alejandro Carrasco, en una fiesta en las propias oficinas de la Alcaldía, injiriendo bebidas alcohólicas y además de hablar con sus participantes de la celebración sobre temas relacionados con actos irregulares con los fondos edilicios, no debe llamarnos a la indiferencia, a la apatía o al desinterés sobre el comportamiento de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones.
El escándalo se originó por la difusión de un video grabado dentro de las instalaciones de la Alcaldía de Yuscarán, en el que aparece el alcalde compartiendo con varias personas mientras consumen bebidas alcohólicas y fuman dentro de un salón o despacho municipal.
El video muestra la felicidad del alcalde y varios acompañantes al calor de los tragos dentro de un edificio de la municipalidad, pero eso no es lo grave, en la grabación también se escucha una conversación que fue interpretada por algunos sectores como una referencia indebida del manejo de recursos municipales.
Tras hacerse viral el video, el alcalde reconoció que fue un error utilizar las instalaciones municipales para ese tipo de reuniones y ofreció disculpas públicas, pero rechazó renunciar al cargo, argumentando que fue electo por la población y que mantiene respaldo ciudadano.
La Asociación de Municipios de Honduras (AMHON) informó que su Tribunal de Honor analizaría el caso para determinar si corresponde alguna medida disciplinaria o ética.
Diversas organizaciones de sociedad civil solicitaron que el caso también sea revisado por las instancias de probidad y ética pública, al considerar que el uso de bienes e instalaciones del Estado debe ajustarse al Código de Conducta Ética del Servidor Público.
Sr Alcalde, usted es un funcionario público, se le paga con recursos del pueblo, usted debió honrar ese cargo, hacer de sus oficinas un centro de atención y solución de los más ingentes problemas Yuscarenses, no un antro o estanco municipal.
Este hecho que fue evidente gracias al video difundido ha afectado la imagen pública del alcalde y de la municipalidad y el respeto que su pueblo le concedió al elegirlo alcalde en Yuscarán, lo ha desnudado como un abusador e irrespetuoso del poder que el pueblo le dio.
Todo este hecho de personajes que abusan del poder utilizando los bienes del Estado, no es nada nuevo, pero abre un debate sobre la conducta que deben observar los funcionarios públicos dentro de las oficinas y edificios estatales.
Cuando un personaje es honrado con el favor del voto popular, la expectativa de sus pobladores es que fue electo para avanzar en el desarrollo del Municipio, bajar los índices de pobreza, mejorar la distribución del agua y los desechos sólidos, crear mejores condiciones ambientales y manejo de la basura, entre otros.
Pero cuando se ve al principal ciudadano del Municipio en una gran francachela y bebiata en el edificio municipal, lo único que genera es decepción.
Alcalde, mejor renuncie y evítese la pena de perder el poder con un voto de castigo, como ya esta ocurriendo en Honduras hace algunos años, cuando los ciudadanos van a las urnas a votar en contra de y no a favor de las mejores propuestas.




