
Cuenta el anecdotario económico, que una de las cosas en las que Keynes y Friedman confrontaron, fue precisamente en su visión sobre el tiempo: “En el largo plazo todos estaremos muertos” decía el británico; “Al contrario” fustigó el líder de la escuela de Chicago, “El largo plazo está a la vuelta de la esquina”.
La realidad es que los problemas cotidianos nos impiden ver la importancia del futuro más lejano. Pero este llegará inexorablemente y nos abrazará con sus virtudes o tragedias, dependiendo de lo que hoy hagamos.
Los retos actuales de Honduras son evidentes: enfermedades, huracanes, un sistema educativo que margina a más de un millón y medio de chicas y chicos, desempleo, pobreza, la violencia intrafamiliar y la de las pandillas y carteles, sarampión, desnutrición, corrupción…¡Parece una eterna pesadilla!
¿Será que ya tocamos fondo?, ¿Acumulamos ya todas las desgracias que nos tocaban como sociedad?
¿Quién se toma el tiempo para pensar en el largo plazo? A quienes lo han hecho, les endilgan el mote de soñadores, poco prácticos, nefelibatas… Quizás Keynes olvidó que el largo plazo es la suma de las inmediateces, que una década es un suspiro y que solo la persistencia en las ideas y el trabajo en pos de los sueños lleva a individuos, empresas y países al bienestar general.
¿Quién puede preocuparse por en lo que sucederá en 30 años si no tiene que comer para mañana? Tal vez si al inicio del presente siglo, los hondureños hubiésemos pensado en lo que podríamos estar viviendo hoy en 2026, muchas de las penurias enumeradas, serían solo un mal sueño y no la horrible realidad con que nos toca caminar día a día.
¡Pero basta de lamentos! Se requiere visión y acción continua y determinada para salir del agujero en que el país se encuentra. es menester indicarle al presidente recién inaugurado lo que debería hacer para enderezar el camino, pero con una visión de largo plazo; más allá de lo cotidiano. Enumeremos tres temas cruciales:
Lo primero es el fomento al ahorro. Ningún individuo o sociedad tienen futuro si no cultivan el hábito de sacrificar consumo actual por futuro y hay que hacer hincapié en el ahorro previsional: En el país tenemos un esquema de pensiones más bien precario, pensado para el presente a despecho del futuro, que es su gran objetivo. Es crucial comenzar a ver este tipo de ahorro como un instrumento de desarrollo y una garantía para un porvenir distinto al presente.
Las cifras oficiales nos indican que viven hoy en Honduras unas 900 mil personas mayores de 65 años. Para 2040 serán más de 3 millones. Es indispensable hacer algo para asegurar que cuando lleguemos allá, quienes tengan esas edades no vivan como los adultos mayores de hoy. Si esta tendencia no cambia, estamos en severo peligro de ser un estado fracasado. Es, por tanto, indispensable repensar nuestro modelo previsional y hacerlo sostenible.
Lo segundo es el estímulo adecuado a la inversión. A la pregunta ¿Cómo se debe utilizar el ahorro? La respuesta obvia es: con proyectos verdaderamente rentables, que incrementen la riqueza de todos y todas.
Es importante recordar que el crecimiento económico no es un juego de suma cero; la especie que circula por ahí de que si alguien mejora es a costa del empobrecimiento de otros es una falacia o al menos no es totalmente cierta. Se requiere crear en Honduras un entorno amigable a los emprendedores, para todos; pero para ello es necesario mejorar los servicios públicos, es decir, salud, educación infraestructura y también justicia y seguridad de las personas y propiedades.
Eso lleva al tercer punto: Una burocracia efectiva.
Las actuales autoridades iniciaron su mandato en enero pasado, hablando de controlar el despilfarro de los recursos públicos. Sonaba muy bien, ya que la mayoría de los estudiosos coinciden en que, en Honduras, el gasto público es regresivo y sirve muy poco para beneficiar a los más pobres. ¿Cómo no va a ser así si la mayoría de los empleados públicos carecen de las habilidades y recursos necesarios para hacer bien su trabajo?
Lamentablemente, no se ha visto ni un solo paso para cambiar esta realidad. Ojalá y los responsables de este tema tomen verdadera conciencia sobre su compromiso para cambiar al país. Si no, seguiremos penando sempiternamente.







