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Percepción de corrupción



cosenzaPor: Luis Cosenza Jiménez

Recientemente Transparencia Internacional y Latinobarómetro publicaron sendos informes.

Transparencia sobre la percepción de la corrupción, y Latinobarómetro en cuanto a la opinión de los latinos americanos sobre una variedad de temas. Ambos informes son interesantes y merecen ser conocidos y discutidos, así que me he permitido compartir con ustedes lo más relevantes de los citados documentos.

Transparencia analizó 180 países y en la evaluación logramos 29 puntos, de un total de 100, lo que nos ubicó en la posición 132. En el continente empatamos con Paraguay y resultamos mejor calificados que México, Guatemala, Nicaragua, Haití y Venezuela. Venezuela ocupa la última posición en la región y la percepción de la corrupción es tan alta que se ubica entre los doce países más corruptos en el mundo. Pero volvamos a Honduras y veamos cómo ha evolucionado la percepción a lo largo del tiempo. En 2015 nuestra calificación alcanzó 31 puntos, en 2016 bajó a 30, y en 2017 y 2018 se ha situado en 29 puntos. Puesto de otra forma, hemos empeorado a partir de 2015 y últimamente nos hemos estancado en una posición que deja mucho que desear. Tanto en Honduras, como en Guatemala, la percepción de la corrupción es sumamente alta, a pesar de contar con comisiones apoyadas por la OEA y la ONU, respectivamente, para combatir esa plaga. En conclusión, todo indica que lo que se hecho en ambos países resulta insuficiente para mejorar sustancialmente la opinión de los ciudadanos en cuanto al combate de la corrupción.

No obstante lo anterior, cuando Latinobarómetro preguntó si la corrupción era el problema más importante del país, solo el 6% de los hondureños dijo que sí. De hecho, en Colombia, que parece ser el país más preocupado por la corrupción, tan solo el 20% dijo que ese era el problema más grave. Irónicamente, en Venezuela, donde según el informe de Transparencia campea la corrupción, sólo el 1% opinó que ese era el problema más importante en el país. Lo que a primera vista pareciera ser una contradicción, en realidad no lo es. Lo que esto refleja es que nuestros pueblos enfrentan múltiples y graves problemas que los afectan directamente y les agobian. La inseguridad, la extorsión, la pobreza, el desempleo, el hambre impactan directa y continuamente sobre la población, y en particular sobre los más pobres. Si en Venezuela las personas no saben si comerán el día siguiente, si no cuentan con las medicinas para atender sus enfermedades, esos problemas se convierten en prioritarios, mientras la corrupción aparece como algo distante que les afecta mucho menos.

La corrupción nos preocupa cuando hemos satisfecho nuestras necesidades básicas. Quienes hemos superado esas necesidades y apoyamos la lucha contra la corrupción debemos entender que entre más angustiada y empobrecida esté nuestra gente, menos importancia le asignarán a la lucha contra la corrupción. Esto no debe llevarnos a claudicar en nuestra lucha, pero sí debería servirnos para definir una efectiva estrategia para combatir la corrupción. Una estrategia, para ser exitosa, debe procurar que paralelamente se ataque los problemas fundamentales que preocupan a la población.

El informe de Latinobarómetro incluye otra información muy importante. En nuestro caso, al preguntarse sobre la confianza que los hondureños tenemos en nuestras organizaciones resulta que el 75% confía en la Iglesia, mientras que tan solo el 35% confía en las Fuerzas Armadas, el 33% en la Policía, el 25% en el Gobierno y el Poder Judicial, el 21% en el Congreso, el 18% en el Tribunal Supremo Electoral, y el 13% en los partidos políticos. Con excepción de la Iglesia, los hondureños no confiamos en nuestras organizaciones, y en particular desconfiamos totalmente de la clase política.

En otros temas, el 13% de los hondureños piensa que la situación económica es buena, el 16% está satisfecho con la economía, mientras que el 47% piensa que la situación es mala. El 43% piensa que nuestra democracia padece de graves problemas y solo el 22% estima que la distribución del ingreso es justa. Finalmente, el 37% de los hondureños y salvadoreños dicen que han pensado en vivir en otro país, superados tan solo por República Dominicana y Venezuela, donde el 53% dice que ha contemplado migrar.

Los informes deberían llamarnos a una profunda reflexión. Urge recuperar la confianza de nuestra población, lo cual exige satisfacer sus ingentes necesidades, a la vez que profundizamos la lucha contra la corrupción. En particular, el informe de Latinobarómetro debería enviar un claro mensaje a nuestra clase política. Todavía hay tiempo para rectificar. Ojalá que no se les ocurra decirnos que el informe muestra que todos los países están igualmente mal, ya que, como decía mi madre, mal de muchos, consuelo de tontos. Comencemos por redoblar los esfuerzos por atacar la inseguridad, la extorsión, la pobreza y la falta de medicinas en nuestros hospitales. Simultáneamente, procedamos a aprobar las reformas electorales que demanda la población, comenzando con la elección de diputados por distrito electoral uninominal, la segunda vuelta y la exclusión de los políticos y sus activistas de las mesas electorales. Esto es lo mínimo que debemos esperar de nuestra clase política.

Por: Luis Cosenza Jiménez


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