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Nueva York y la lucha contra la corrupción



Por: Thelma Mejía

Tegucigalpa.-  Independientemente de los resultados que se produzcan en el juicio que se libra en estos momentos en los tribunales de Nueva York, donde desfilan y seguirán desfilando personajes ligados al mundo de la narcoactividad, los desafíos para el País y los hondureños son tremendos, entre ellos, el de la lucha contra la corrupción y la impunidad.

Los relatos que se desprenden de los tribunales no solo son impactantes y escalofriantes, algunos, lapidarios, otros,  indignantes todos. El país exhibido, su democracia lacerada y sus elites políticas, con las excepciones del caso, evidenciadas hasta los tuétanos y más allá de ellos.

De momento, la expectativa en el país se centra en el caso del ex diputado, Juan Antonio Hernández, hermano del presidente de la república Juan Orlando Hernández, ambos convertidos en objeto de interés de Estados Unidos. Lo que ocurra en ese juicio y su desenlace marcará sin duda la historia de este país, su democracia y su institucionalidad, última que si hubiera juzgado a alguno de los capos de la droga que enfrentan procesos en Nueva York, seguramente no habrían condenado a nadie, si uno lee lo que cada uno de esos capos que ha desfilado en los tribunales, dice sobre nuestra impartición de justicia.

¿Quién sabe si aquí habrían sido objeto de alguna condena, aunque la fiscalía presentara el caso más sólido que tuviera en sus manos? La duda es por ahora la única certeza en medio de la incertidumbre y los escenarios que se avecinan para el país.

Uno de ellos precisamente es el de la lucha contra la corrupción y con ello la continuidad o no del convenio de la MACCIH, pues mientras el país se entretiene con las noticias que salen desde los tribunales de Nueva York, aquí las fuerzas de la impunidad y la corrupción—ligadas también a la delincuencia organizada—se mueven rápidamente para “neutralizar” un segundo período de la MACCIH o lograr que ésta se vaya, se ahogue en la inercia o la dejan como una Misión de “segunda generación” sin menos dientes de los que tiene.

Que la atención de lo que ocurra en Nueva York es importante, ¡claro que lo es¡ Que hay derecho a un debido proceso, ¡también lo es!, pero en paralelo la sociedad no debe dejar de lado la lucha contra la corrupción, máxime cuando dos hechos están a la vuelta de la esquina: la entrada en vigencia del nuevo código penal en noviembre próximo, y la renovación o no en enero del convenio de la MACCIH. En el tintero, más de una docena de casos presentados por la Misión y la UFECIC del Ministerio Público aguardan las batallas en los tribunales, con señales más de parálisis que de aceleramiento.

La democracia hondureña y sus instituciones no solo están en juego en Nueva York, también aquí en el patio, aquí donde los hondureños nos merecemos un mejor país para que el miedo no nos venza y la aspiración de justicia sea cada día legítima para que nadie agache la cabeza.

Corrupción sobre ruedas, el último caso presentado por la Misión y la UFECIC es tan indignante como lo ha sido Pandora.  Nuevamente los fondos públicos destinados a sectores vulnerables como los adultos mayores y las personas con discapacidades especiales fueron a parar a cuentas particulares, a campañas políticas y hasta la creación de empresas fantasmas para alquilar carros blindados que terminaron siendo usados o asignados a personas particulares allegadas al primer círculo del poder.

Leyendo cada uno de los casos presentados en los tribunales por la Misión y la UFECIC da la impresión que el país ha sido objeto de un saqueo por parte de una plaga de termitas, voraces, impunes y de paso, envalentonadas, confiadas en una justicia que no termina de convencer.

Nueva York, la ciudad que nunca duerme, es probable que siga dándonos sorpresas, pero Tegucigalpa, el cerro de plata, también debe hacer lo propio: cerrar filas contra la corrupción y la impunidad para que Honduras no sucumba ante el dios de la perversidad y la malignidad que habita en el inframundo, según la mitología.

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