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La alianza trinacional Israel-Honduras-USA: ¿una realidad profética?



Ernesto GálvezPor: Ernesto Gálvez

Tegucigalpa.- Intentaré ir acostumbrando a mis lectores a discernir algunos temas en dos niveles de análisis: el humano y el teológico, entendiendo este último como el marco de Dios, la epistemología divina, perspectiva que, por lo general, contradice o, por lo menos, no empata con la lógica humana ya que el Creador lo expresa en La Biblia, su texto fundamental, que: “mis pensamientos no son tus pensamientos, ni mis caminos son tus caminos”.

La historia bíblica y universal coinciden en relatar el caso de Israel que, siendo originalmente un pueblo tan, pero tan insignificante, pobre y esclavizado, que ni siquiera tenía territorio propio; pero, de la mano de Dios y su incomprensible misericordia, hace apenas 71 años (1948) fue constituida oficialmente nación, luego de muchos años de miseria, sufrimiento y opresión con intermitentes períodos de gloria como lo describen los reinados de David y su hijo Salomón.

Hoy por hoy Israel, un minúsculo territorio y reducida población, está incluido entre las potencias educativas, tecnológicas, militares y científicas del mundo. Sólo un dato: el 80% de los premios Nobel son de ascendencia judía. Pero esto no es nada. El pacto eterno que Dios hizo desde los originales tiempos del patriarca Abraham, se sigue cumpliendo al pie de la letra. Lo paradójico de todo esto es que el pueblo de Israel siempre ha sido rebelde en términos generales, aunque dentro de ellos han surgido hombres de corazón sencillo y humilde como Moisés o como Abraham, este último reconocido bíblicamente como amigo de Dios y padre de la fe. Pero la rebeldía aún sigue vigente; la religión judía no reconoce a Jesucristo como el Mesías (Dios hecho hombre, el Cordero), a pesar de todas las evidencias contenidas en todo el Nuevo Testamento de la Biblia. Ellos sólo reconocen los cinco primeros libros de la Biblia.

El amor de Dios y su respeto al pacto con Israel es tal que, aun así, las promesas hechas a todos los patriarcas y profetas israelita fue que siempre sería su Dios, que le bendeciría eternament; es más, que bendeciría a cualquiera que bendijere a Israel. Y aquí es donde entra nuestra nación al sumarse a Israel en su decisión soberana de ubicar a Jerusalén como la capital histórica de una de las más jóvenes naciones del mundo, a pesar de su milenaria historia.

Honduras, conscientemente o no, recibe bendiciones de múltiples maneras; la cooperación al desarrollo nacional en agricultura, nos permitirá transformar cinco escuelas agrícolas; Israel es campeón mundial en la desalinización del agua de mar y Honduras recibirá varios proyectos en los dos mares que tenemos; asistirán al país en desarrollo de tecnologías de punta, especialmente en Start Ups, en lo que también son líderes mundiales; además, asesorarán la seguridad cibernética del país, en un mundo de grandes amenazas transnacionales de ese tipo; el apoyo a los sistemas de riego en áreas de sequías recurrentes, resultará de gran impacto en la seguridad alimentaria y la creación de empleo masivo; recordemos que Israel, siendo desierto, es gran exportador de frutas al mundo entero; todo esto sin mencionar la llegada al país de inversionistas privados de Israel y los Estados Unidos.

Pero el resto de las bendiciones de Dios para el país ocurrirán, pero ello no es por mérito propio; no, eso no es así. Simplemente es el cumplimiento de sus propias promesas hechas a Jacob (Israel), hace mucho tiempo atrás. Esta alianza con Israel puede ser el principio de una gran transformación nacional en todos los componentes de desarrollo, la justicia, la transparencia, el medio ambiente, la educación, la salud, la seguridad y la paz que permita al país salir de su pasado histórico vergonzoso; algo parecido a la historia de Israel.

¿Por qué no? ¿Por qué si Dios lo hizo con Israel, no lo puede hacer con Honduras? Honduras no lo merece; los hondureños hemos pecado de muchas maneras contra Dios: idólatras, corruptos, infieles, mentirosos, degenerados sexuales, impíos, ateos, rebeldes, infieles, etc, etc, pero, la existencia de una iglesia y un remanente fiel, que ora, que diezma, que gime a Dios, que alaba a Dios, puede ser la clave para que se active la misericordia y amor de Dios sobre Honduras y el milagro de transformación se realice. Eso como nación.

Pero también, a nivel individual, ser aliado de Israel ahora, significa reconocer al Jesús el Mesías como  el Salvador de nuestra alma y, ya en esa condición, podemos ser levantados en vida por los ángeles de Dios (el Rapto) o, si ya hemos muerto, seremos resucitados e igualmente llevados por esos mismos ángeles hacia las nubes, como la novia de Jesús para ser partícipes de Las Bodas del Cordero y, luego, descender con el mismo Jesús a instalarnos en laSanta Jerusalénpara gobernar el mundo por mil años (milenio). Estando con él podremos ver cómo el mismo Señor enviará a Satanás al infierno y a los demonios, junto a quienes, por ignorancia, engaño y decisión propia, se negaron en vida a reconocer al Rey de reyes y Señor de señores, sean judíos o no judíos (gentiles).

Ahora podremos discernir o dimensionar con mejores elementos teológicos la importancia que tiene Israel, tanto para nuestra amada nación Honduras y, por supuesto, lo que significa para la trascendencia de nuestra vida terrenal a la celestial.

También mis lectores podrán entender mejor el porqué de la decisión de abandonar la militancia atea-marxista-leninista, para convertirme al cristianismo; para conocer a ese hombre-Dios (Jesucristo) que es el camino, la verdad y la vida y que tiene la explicación, mediante la ciencia de Dios, del pasado el presente y el porvenir.

Después de experimentar veinte años de oscuridad y ceguera marxista, me he propuesto servir de luz en medio de tantas tinieblas, para que mediante mi experiencia de vida, muchas personas, amigos, familiares y lectores asiduos, tengan la oportunidad de, al menos, conocer estas dimensiones de la vida y darnos cuenta que lo más importante de ella es asegurar nuestra trascendencia eterna con Aquel que resucitó al tercer día de su crucifixión, salvándonos de ir al otro lugar, también eterno: el lago de fuego, a acompañar a aquel que dijimos y su ejército de demonios. Dios salve a Honduras y los hondureños.  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


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