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Justificaciones y pasos para una Asamblea Nacional Constituyente



Hugo Noe PinoPor: Hugo Noé Pino

Tegucigalpa.- La necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en Honduras es más que evidente; no solo ayudará a superar el enorme fraude electoral de noviembre del año pasado, sino que proveerá oxígeno a una democracia alicaída.

A continuación, algunos de los motivos que hacen de la ANC un imperativo. Primero, la Constitución actual ha sido violada y modificada tantas veces, que es muy difícil determinar su redacción inicial. Por ejemplo, la Constitución prohíbe la reelección, pero no importó violarla.

Otro ejemplo en el campo económico: la Constitución señala que la economía debe ser planificada, pero estos preceptos se pasan por alto debido a que a partir de los años 90s se adoptó un modelo neoliberal basado en la libertad de los mercados. El Título VI de la Constitución, Del Régimen Económico, en su artículo 329 establece “los planes de desarrollo de mediano y largo plazo deben incluir políticas y programas estratégicos que garanticen la continuidad de su ejercicio….”. Aspectos que obviamente no se cumplen. En el mismo artículo deben eliminarse siete párrafos dedicados a zonas de empleo y desarrollo económico (ZEDEs), por el simple hecho de que estas son decisiones de política económica que pueden ser incluidas en otro tipo de leyes secundarias y no en una constitución. Además, desde que se introdujo esas modificaciones por capricho del presidente del Congreso hace más de cinco años, ni una sola zona de empleo y desarrollo ha sido creada.

Segundo, Desde el golpe de Estado de 2009, la sociedad hondureña ha estado polarizada debido a las violaciones de las leyes, concentración de poder, abusos, corrupción y otros males similares. Encima de esto se planifica y ejecuta un fraude electoral que impide que la Alianza ganadora tome el poder. La polarización desde entonces es mayor. Una verdadera reconciliación nacional requiere elecciones limpias y un nuevo pacto social reflejado en una nueva constitución.

Tercero, se necesita un pacto social en donde empresarios, trabajadores, campesinos, patronatos, academia, ONGs, y otros sectores, puedan encontrar puntos de consenso sobre el tipo de gobierno y la dirección que el país requiere para promover el bienestar general. Qué tipo de nación queremos ser en treinta años, con qué recursos contamos, cuál es el contexto internacional en que nos movemos, cómo incorporar a la población en extrema pobreza y pobreza a la actividad productiva, qué tipo de democracia queremos construir.

Cuarto, la ANC también puede devolverles a los partidos políticos su razón de ser, el mecanismo de intermediación entre la sociedad y el Estado. En estos momentos, tanto por sus propias acciones políticas, como por los evidentes y monstruosos casos de corrupción, los partidos políticos tienen un alto descrédito ante la mayoría de la población. La convocatoria a una ANC daría la oportunidad a los partidos de renovarse y buscar mejores alternativas para las diversas formas de gobierno y comprometerse a construir ese nuevo pacto social.

Finalmente, una nueva Constitución establecería un nuevo sistema de justicia con pesos y contrapesos que permita desterrar la impunidad que tanto daño le ha hecho al país en el transcurso de su historia. Esto garantizaría la separación de poderes y fortalecería la democracia. En este sentido, el establecimiento de mecanismos efectivos de participación ciudadana en las decisiones públicas sería de alta relevancia.

El camino hacia la ANC no es fácil. Debe comenzar con un verdadero dialogo nacional, que incluya a los partidos políticos mayoritarios. Los minoritarios pueden participar, pero en función del caudal electoral recibido en las últimas elecciones. Una de las primeras tareas es garantizar un Tribunal Supremo Electoral independiente. Esto puede ser el resultado de propuestas ciudadanas a ser consideradas y cuyos miembros cuenten con el consenso de los partidos. Una vez realizados estos cambios, se puede organizar un plebiscito con dos preguntas; la primera, sí está de acuerdo con convocar a una ANC, la segunda, sí está de acuerdo con la reelección presidencial. La primera respuesta daría la pauta para el establecimiento de la ANC, mientras que la segunda, además de conocer la opinión ciudadana sobre tan polémico asunto, marcaría el rumbo nacional sobre el tema.

La ANC no está libre de riesgos, la estructura de poder tradicional, que ha decidido los destinos del país con resultados tan negativos, puede distorsionarla y adecuarla a sus intereses; sin embargo, ese riesgo habrá que correrlo y esperar a que los partidos políticos hayan aprendido la lección y que la ciudadanía aprovechará el espacio para participar activamente y cambiar el rumbo en una mejor dirección.

Tenemos que estar conscientes que la institucionalidad de Honduras está por los suelos a todos los niveles. Reconstruir medianamente nuestras deterioradas instituciones será un proceso de muchos años, pero es mejor avanzar con reformas sustanciales que con parches electorales cargados de ventajismo a determinado partido o partidos. La situación del país no está para seguir jugando con fuego; en pasto seco y con vientos súbitos todos nos podemos quemar.


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