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Aprendamos a morirnos de hambre



Otto Martin Wolf 2015Por: Otto Martin Wolf

El presidente de los Estados Unidos, con absoluto derecho, ha dicho que ese país nos paga una enorme cantidad de dinero cada año y que posiblemente se lo roban.

 

El hombre es desbocado para hablar, cierto, pero no deja de tener razón en lo que dice. Los USA tradicionalmente nos han dado dinero y nadie puede estar seguro del camino que esos fondos toman, como tampoco de los otros fondos del Estado.

Si tuviéramos un poco de vergüenza le podríamos decir, con todo respeto, “quédese con sus dólares”, no los necesitamos y no los queremos. Lamentablemente ninguna de esas dos cosas es cierta.

Tenemos que aguantarnos lo que diga y aún así sonreír, necesitamos de esa ayuda, de todas las ayudas que recibimos de otros países.

Por qué hemos caído tan bajo? Porqué nos acostumbramos a vivir de limosnas? Porqué en todo en casi doscientos años de ser independientes no hemos aprendido a serlo de verdad?

De qué nos sirven los 21 cañonazos del quince de Septiembre?

De qué nos sirve cantar “Por guardar ese emblema divino marcharemos…” si estamos acostumbrados a vivir de la limosna internacional? Esa frase del Himno Nacional no se refiere sólo a una posible invasión por nuestras fronteras, el “emblema divino” sin duda debería de ser la dignidad.

Deberíamos aprender a morirnos de hambre antes que permitir que se nos trate como limosneros pero, tristemente, eso es lo que somos.

Nuestros gobernantes se acostumbraron a extender la mano y, también, acostumbraron a nuestro pueblo a hacer lo mismo.

Aceptamos limosna y una parte se la tiramos al pueblo, limosna también.

En lugar de acostumbrarnos a pedir limosna deberíamos de acostumbrarnos a morirnos de hambre!

Es preferible morirse de hambre que vivir de limosna.

Después de escuchar a Trump me quedé esperando escuchar una voz fuerte y firme, pero sobre todo digna que dijera: “Somos pobres, pero no necesitamos su limosna”.

Pero sólo se escuchó un escandaloso silencio, nadie contestó con dignidad, nadie se sintió ofendido. La razón es sencilla: Estamos acostumbrados a vivir de limosnas.

Somos pequeños y pobres, no por el tamaño de nuestro territorio o por nuestras reservas económicas, somos pobres y muy pequeños porque no hemos aprendido a vivir con dignidad.

Aprendamos a morirnos de hambre, así quizá aprendamos a vivir con dignidad.

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