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Campesinos llevan los ramos del domingo y también su propia cruz



Campesinos llevan los ramos del domingo y también su propia cruz
Autor del artículo: Especial Proceso Digital

Tegucigalpa – En la víspera del Domingo de Ramos, el clima en Tegucigalpa es caluroso, pero las temperaturas que rondan los 30 grados no son obstáculo para que decenas de campesinos que han bajado desde los más recónditos y excluidos poblados del sur de Francisco Morazán, se instalen en el atrio de la Catedral, frente a la plaza Fráncico Morazán, en el casco histórico.

Ellos llegaron desde la madrugada del viernes y empezaron a desempacar las palmas y las cruces que ofrecen a los católicos para que en sus casas y en los eventos litúrgicos del domingo, puedan rememorar la entrada de Jesús a Jerusalén.

Domingo Ramos8Es la remembranza de la entrada triunfante de Jesús de Nazaret a Jerusalén, en un burro que le transportó, después de estar en Betania y Betfagé y haber cenado con Lázaro y sus hermanas.  Así se da inicio a la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección del hijo de Dios, como uno de los acontecimientos más emblemáticos de la cristiandad.

Campesinos bajan a la ciudad

En el contexto de esa evocación, los campesinos, que en su mayoría llegaron en las últimas horas a la capital hondureña, provienen de Alubarén, una pequeña comunidad fundada en 1686 y establecida en el sur de Francisco Morazán. Es quizá de los poblados menos favorecidos en cuanto a desarrollo humano en el país y con una población de poco más de cinco mil habitantes, dedicados a cultivar granos básicos cuya producción está sujeta a los caprichos climáticos.

ramosopi1Vilma Dolores.Allí Vilma Dolores, una joven de 19 años y con tres de venir con las palmas de coyol para vender los ramitos a los feligreses, cuenta que obtiene las palmas de los bosques de la comunidad de Curaren, otro poblado excluido, ubicado en la zona donde también está San Miguelito, La Libertad y Reitoca, para completar el grupo de los poblados que congregan campesinos y descendientes indígenas tolupanes.

Vilma Dolores cuenta que viene con las palmas cuyos ramitos y cruces vende por cinco lempiras, para agenciarse algo de recursos que les permitan, momentáneamente, paliar sus necesidades básicas.

“Allá casi no se halla trabajo y esto en algo ayuda” dijo la joven de piel trigueña, pelo lacio, negro y brillante y ojos grandes. Ella también habló de su fe católica y su esperanza en Dios como una promesa que en su familia viene de generaciones.

Otros campesinos han traído las palmas de Reitoca, cuyo nombre justamente significa “lugar de juncos blandos y tiernos”.

El joven José y su familia

ramosopi3José.También José, un hombre de 22 años se ha acomodado en un pequeño trecho de las gradas del atrio, allí junto a su también joven compañera Lesly y a su pequeña hija Maylin de apenas un año, se afanan haciendo sus cruces y ramos…

José cuenta su dedicación a la agricultura, pero dice que trabaja por días y que llegó este año, por primera vez con sus palmas “a probar suerte porque allá no hay nada y necesitamos hacer para la comida” expone.

Mientras conversa y trabaja la palma junto a Lesly, los rayos del sol en su cenit, impactan en el cuerpecito de la pequeñita que ha sido acomodada en una grada de la entrada del santuario.

Más de 30 años haciendo ramitos

ramosopi2Doña Marcos.A pocos metros de los jóvenes, en medio de otros vendedores de palma, que semi apiñados se disputan un espacio, estaba doña Marcos, ella llegó de la aldea El Tablón, de la misma jurisdicción, este 21 de abril cumplirá 81 años y tienen más de 30 de venir ininterrumpidamente a Tegucigalpa para traer sus ramitos y amuletos religiosos.

Doña Marcos dice que ella es sola, que no tiene a nadie que vele por ella y que sufre muchas necesidades, pero su fe la mueve a estar en los eventos religiosos y sus necesidades más que motivarla, la obligan.

Entre los palmeros también hay muchos niños, hombres, jóvenes y gente de todas las edades, lo común entre ellos es su fe cristiana-católica y su pobreza extrema que lleva a una reflexión propia de la Semana Mayor: ¿cómo bajar a los excluidos del madero?


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