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Desesperación empuja a hondureños a arriesgar la vida para cruzar frontera de EEUU



Desesperación empuja a hondureños a arriesgar la vida para cruzar frontera de EEUU
Autor del artículo: Proceso Digital/D19

Tegucigalpa – Luego de permanecer durante meses varados en la frontera entre México y Estados Unidos, decenas de hondureños han sido víctimas de la desesperación, que les ha empujado a arriesgar la vida al cruzar el Río Bravo en improvisadas balsas.

-Los hondureños arriesgan su vida al cruzar el Río Bravo con el objetivo de entregarse a las autoridades para iniciar un proceso de solicitud de asilo.

En ese sentido, en acciones separadas, agentes de la Patrulla Fronteriza detuvieron a dos «coyotes» -traficantes de personas- mexicanos que ayudaron a cruzar el Río Bravo a 10 migrantes hondureños en una piscina inflable, y rescataron a otro grupo de migrantes atorados en un islote.

Los agentes de la Unidad Táctica de la Patrulla Fronteriza que vigilaban el Río Bravo en la frontera de Jiménez, Coahuila, con Brackettville, Texas, observaron a dos coyotes que cruzaban a 10 migrantes “catrachos”, señalan reportes de prensa local.

«Una vez que llegaron a tierra, los agentes detuvieron al grupo de 10 migrantes (hondureños), que incluía niños menores, junto con los dos hombres, que intentaron esconderse», informó la Patrulla Fronteriza.

Menor refleja el drama humano

El rescate de un niño hondureño de apenas siete años, quien casi pierde la vida al intentar cruzar el Río Bravo, revive el drama de la migración no sólo de Honduras sino de la región centroamericana.

Agentes de migración se lanzaron a la corriente para rescatar a un grupo de emigrantes entre los que se encontraba el menor hondureño.

Lo anterior sucedió luego que una balsa improvisada naufragara y el grupo de migrantes quedó a la merced de la corriente de agua.

Este se suma a una serie de eventos similares protagonizados por la desesperación de los migrantes por pisar suelo estadounidense para iniciar con un proceso de solicitud de refugio.

anciana

Anciana retrata desesperación

En días recientes una anciana hondureña que abandona su silla de ruedas para cruzar la frontera estadounidense a través del Río Grande o Río Bravo, que delimita la línea territorial con México, también retrató la desesperación de los inmigrantes por cruzar la frontera estadounidense.

Un video relatado por un mexicano mostró las imágenes en la que la anciana dejó atrás su silla de ruedas para embarcarse en una piscina inflable en la que junto a su familia cruzó el río.

Del otro lado le esperaban los agentes migratorios, según el relato de la hondureña que huyó del país luego que le mataron a todos sus hijos y nietos.

La acción de la anciana retrató la desesperación de miles de migrantes que han permanecido por meses en la frontera esperando que su solicitud de asilo sea procesada.


Entregarse a autoridades

Para miles de hondureños el objetivo de arriesgar la vida al cruzar el Río Bravo en piscinas improvisadas es entregarse a las autoridades migratorias para iniciar un proceso de solicitud de asilo, no obstante, la realidad está lejos de los que esperan los inmigrantes.

Al menos así lo es para Alex, un padre de familia hondureño, que emigró junto a uno de sus hijos desde el norteño departamento de Yoro. Tardó dos meses para llegar a la frontera donde su plan siempre fue entregarse a las autoridades para iniciar un proceso de asilo y poder trabajar y luego poder llevar consigo a su esposa e hijos.

Al llegar a la frontera en grupo vieron patrulleros en sus vehículos y hasta allá caminaron para entregarse, pero lo que sucedió después no se parecía en nada a lo que esperaba.

Relató a periodistas que los patrulleros no los aceptaron como personas que huían por salvar sus vidas, sino que los arrestaron y maltrataron verbalmente, con desprecio, los detuvieron sin asistencia y al final les dieron documentos para que se presentaran ante una corte de migración en San Diego a mediados de agosto.

Cabe señalar que en total son cerca de cien días de espera, desde que las autoridades proporcionan los documentos con fechas de citas, hasta que los migrantes efectivamente se presentan.

“Yo quisiera regresarme para ayudar a mi esposa y mis hijos, porque fíjese que con dos meses de camino y luego esperar tres meses, y a la mejor de todos modos nos van a deportar y para eso es tiempo que uno no puede trabajar”, comentó el inmigrante hondureño.

Esta dilatoria en el proceso orilla a cientos de migrantes a solicitar su deportación voluntaria ya que sus familias aguardan este tiempo sin contar con los ingresos del proveedor.


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