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Mi exclusiva sobre el rearme de El Salvador tras la guerra con Honduras



El piloto hondureño Fernando Soto derribó tres aviones salvadoreños en la breve guerra con el país vecino. El piloto hondureño Fernando Soto derribó tres aviones salvadoreños en la breve guerra con el país vecino.
Autor del artículo: Por Alberto García Marrder

Miami, (EEUU) - En mi larga vida como periodista he tenido muchas primicias, pero nunca una como cuando descubrí como El Salvador se estaba rearmando de armas checas, tras la breve guerra con Honduras en 1969, con un puente aéreo entre Praga y San Salvador.

Ese reportaje, con fotos incluidas, ocupó la portada y dos páginas interiores del diario “La Prensa” de San Pedro Sula (Honduras), que entiendo dobló ese día su tirada, tras estar anunciándolo previamente en la radio.

En 1970 estaba trabajando en la Agencia española de noticias EFE en Londres cuando empecé a notar datos dispersos sobre la compra de armas por parte de “un país centroamericano” desde Checoslovaquia, entonces un país controlado por la ex Unión Soviética.

Guerra1Regresé a Praga por segunda vez en un año para investigar, después de haber estado en agosto de 1969 para cubrir informativamente para mi agencia los disturbios del primer aniversario de la invasión soviética, donde volvieron a salir a las calles los tanques.

Esta vez volé desde Londres a Viena y entré a Bratislava por tierra, la que es ahora la capital de Eslovaquia, después de la separación en 1993 del estado federado de Checoslovaquia.

Guerra2Y Praga se quedó sola como la capital de la República Checa.

Bratislava es para mi gusto una de las ciudades más bonitas de la Europa Central, con orillas en ambos lados del Rio Danubio. Y es la única capital de Europa con fronteras con dos países, Austria y Hungría.

En esa ciudad me esperaba un periodista de la agencia checa de noticias CTK, a quien había conocido en Belfast (Irlanda del Norte), y quien me confirmó los primeros datos sobre la venta de armas a El Salvador.

Me dio también otro contacto periodístico en Praga, muy conocedor de la Ceska Zbrojvka Uhersky Brod (CZ), la más grande fábrica de armas cortas y medianas del mundo.

Este me confirmó lo que buscaba y solo faltaba ir a la oficina del mayor traficante de armas en el mundo, International Armament Corporation, más conocida como Interarms, cuya oficina en Praga estaba situada cerca de la famosa plaza Wenscelas,

Esta empresa fue fundada por el americano Samuel Cummings, quien inició sus operaciones comprando los excedentes de armas dejadas por los ejércitos aliados en Europa después de la segunda guerra mundial.

En Interarms se quedaron sorprendidos por mi desfachatez de ir a preguntarles si estaban sirviendo de intermediarios en la venta de armas checas a El Salvador y, como era de esperar, me dijeron que ellos no comentaban nada sobre sus ventas de armas a países o entidades privadas.

Pero en ningún momento negaron que lo estuvieran haciendo.

Guerra4Las armas que estaba exportando a El Salvador consistían en armas cortas, fusiles automáticos, ametralladoras y sub ametralladoras de mayor calibre montadas en trípodes en el suelo.

Las armas eran transportadas en un puente aéreo de aviones cuadrimotores de hélice Canadair CL-44 Guppy Conroy, basados en el antiguo Bristol Britannia y que se abrían en el fuselaje para meter con más facilidad la carga.

Como no tenían alcance para volar sin parada a la base aérea de Ilopango, en El Salvador, hacían una escala para reabastecerse de combustible en una isla de la corona británica de El Caribe y los mismo al regreso, pero ya vacíos.

La breve guerra entre los dos países vecinos, de apenas cuatro días, fue erróneamente llamada “La Guerra del Futbol” y se cree que fue acuñada, por primera vez, por el famoso reportero polaco Ryszard Kapuscinki, maestro de periodistas.

En esta guerra participaron, por última vez juntos, aviones americanos de la Segunda Guerra Mundial, ya casi obsoletos para la época, como Cavalier P 510D Mustang, F4U-1 Corsair, T-28 Trojan, AT-6C Texan y C-47 Skytrain como improvisados bombarderos.

De esta breve guerra surgió un héroe, el capitán hondureño de aviación Fernando Soto, quien en su Corsair derribó tres aviones enemigos, dos Corsairs y un Mustang de la Fuerza Aérea Salvadoreña, en lo que se considera la última batalla aérea de aviones de hélice de la segunda guerra mundial.


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