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Mi cobertura periodística del viaje de Juan Pablo II a una Cuba comunista



Fidel Castro recibe al Papa Juan Pablo II en el aeropuerto de La Habana. Fidel Castro recibe al Papa Juan Pablo II en el aeropuerto de La Habana.
Autor del artículo: Por Alberto García Marrder

Miami, (EEUU) - Cubrir la visita de un Papa a una Cuba comunista es un desafío para cualquier periodista de una agencia de noticias, cuando cada minuto es una hora de cierre.

Formaba parte de un grupo de ocho periodistas de la Agencia española de noticias EFE encargados de cubrir para nuestros abonados mundiales la visita en 1998 del Papa Juan Pablo II y me encargaron Santiago de Cuba, en el extremo oriental de la isla.

En el avión del Papa, un MD-11 de Alitalia venía nuestro corresponsal en el Vaticano, después de un vuelo de 12 horas desde Roma.

pope2Lo primero que tengo que decir es que el gobierno cubano no cometió los errores el día que las turbas sandinistas profanaron al Papa Juan Pablo II en Nicaragua, que, en 1983, cuando permitieron y alentaron que sus seguidores profanaran una misa que este mismo Papa estaba celebrando en Managua, momento que también viví como periodista.

Los hermanos Fidel y Raúl Castro se portaron de una manera exquisita y correcta, asistiendo a la mayoría de los actos religiosos. El primero, vestido de civil, recibió y despidió al Papa en el aeropuerto José Martí.

Que diferencia cuando en Managua, Daniel Ortega lo recibió y lo despidió, vestido de militar en el aeropuerto Cesar Augusto Sandino, cuando detrás tenía un gigantesco letrero que decía “Libres gracias a Dios y a la revolución".

Y en La Habana, se dio orden de quitar en el aeropuerto otro gigantesco cartelón con el lema de "Creemos en la Revolución”, que fue reemplazado por otro con una imagen del Papa y el lema: "Bienvenido Su Santidad Juan Pablo II"  

En el aeropuerto, Juan Pablo II dijo una frase ya emblemática: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba, para que este pueblo pueda mirar al futuro con esperanza”.

El líder cubano Fidel Castro escuchó con atención y respeto las palabras del primer Papa que llega a Cuba y a pesar que, en 1962, el Papa Juan XXIII lo excomulgó después de declararse marxista-leninista, expulsar a 131 sacerdotes de Cuba y cerrar escuelas religiosas.

pope3Durante cinco días, el Papa polaco visitó e hizo actos religiosos en La Habana, Santa Clara, Camaguey, Santiago de Cuba y de regreso en la capital, lo cual representaba un desafío logístico para cualquiera agencia de noticias.

Tuve la suerte de viajar a Santiago en unos de esos viejos aviones de la era soviética, un Yak-40 de Aero Carribean, un trirreactor de corto alcance de apenas 35 pasajeros, que en América Latina solo se pueden ver en rutas aéreas comerciales cortas, además de Cuba, en Honduras y Venezuela.

En Santiago y ante más de 500,000 personas en la Plaza Antonio Maceo, el Papa escuchó de la voz del Arzobispo de Santiago, Monseñor Pedro Maurice, la más firme denuncia de la realidad cubana.

La que nunca mencionaría, ni siquiera de pasada, al día siguiente en la Habana, en la Plaza de la Revolución, el cardenal Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de la capital, acusado por el exilio cubano de Miami de ser muy “condesciende” con el régimen.

“Deseo presentar esta eucaristía a todos aquellos cubanos y santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas, que no han podido optar y desarrollar un proyecto de vida por causa de un camino de despersonalización que es fruto del paternalismo”.

Yo estaba muy cerca de donde se encontraba sentado Raul Castro y me quedé fijo mirando sus pocas reacciones visibles a las palabras duras del arzobispo de Santiago, quien siguió aún más duro, así, casi dirigiéndose a el: “Le presento Su Santidad a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con un proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas y la cultura con una ideología”.

Tuve muchos problemas técnicos para transmitir mi crónica a la oficina de EFE en La Habana, pero ya Monseñor Maurice me había dado el “lead” periodístico y aunque llegara tarde, esa sería una de mis mejores publicaciones entre los abonados latinoamericanos y de España de mi agencia.

Como no podía regresar a La Habana a tiempo para ayudar a cubrir la misa del Papa polaco, al día siguiente en la Plaza de la Revolución, me quedé esa noche en Santiago para visitar la Casa de la Trova, el santuario de la música cubana.

Al día siguiente leo con sorpresa en “Juventud Rebelde”, el diario oficial junto al “Granma”, este comentario: “Malintencionados reporteros, enviados por poderosos países, están haciendo un gran esfuerzo por politizar e ideologizar la visita del Papa, cuyo contenido era solo pastoral”.

Yo no me he sentido aludido.


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