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¿Debemos ir al fondo?



juliorPor: Julio Raudales

Tegucigalpa.- “¿Cree usted que hay condiciones para firmar un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario?” Es la pregunta recurrente que me hacen los medios desde hace casi un mes, cuando se anunció que, a comienzos de abril, tendríamos la visita de una misión de dicho organismo.

No deja de sorprenderme el halo de misticismo que mucha gente en nuestro país le otorga esta institución, cuyo mandato básico es velar por la estabilidad financiera global. Me da la impresión de que en general, la gente asocia al FMI directamente con la devaluación, el alza en la tarifa de los servicios públicos, la aprobación de mas impuestos y otras desgracias. ¿Por qué será?
La pregunta anterior no es retórica. Creo que la explicación fundamental, es que siempre que el gobierno ha anunciado su intención de firmar un acuerdo con el “Fondo”, lo hace movido por la necesidad de salir de un atolladero fiscal o financiero. Es decir, cuando el país está en medio de una crisis o ésta parece inevitable.
¿Necesitamos entonces firmar un acuerdo con el FMI en esta ocasión? La respuesta es “depende”.

Para empezar, el país tiene controladas sus principales variables fiscales y monetarias. Es decir, en la actualidad NO tenemos una emergencia fiscal, como sí la hubo después del huracán Mitch, o a comienzos del 2010, luego del fatídico golpe de estado y también a finales de 2013, cuando la campaña política de ese año le significó al fisco una erogación de mas de 5 mil millones de lempiras.

¿Significa entonces que ahora no tenemos problemas macroeconómicos? ¡de ninguna manera! Lo que sucede es que las dificultades de hoy son de otra índole mas graves y complejas. A mi juicio, persisten en el país problemas estructurales que lo acercan a una situación social insostenible, por lo que es urgente tomar acciones valientes y creativas, ya que de no hacerlo corremos grave peligro.
Porque, a diferencia de lo que está instalado en el imaginario colectivo, la macroeconomía es bastante mas que lo fiscal y monetario. De ahí la gracia o pena que me da escuchar a periodistas, analistas, empresarios y hasta ministros y funcionarios, decir que la macroeconomía anda bien y lo que hay que arreglar es la microeconomía. Una afirmación como ésta, solo permite entender el desconocimiento que la gente tiene de estos conceptos, que son solo instrumentos de análisis teórico y no “partes de un cuerpo”. La economía anda bien o anda mal. No hay pedazos buenos.
Fue el economista francés León Walras, quien definiera una ley que establece que el equilibrio total en economía se logra cuando al menos 2 de 3 variables lo alcanzan.
Lo anterior significa que, si afectamos un sector de la economía de nuestro país, los demás no pueden quedar indemnes. En 2013 había un enorme agujero fiscal que necesitaba ser rellenado. Las autoridades optaron por hacerlo rápidamente, aprobando para ello una serie de medidas draconianas que, efectivamente, lograron reducir la brecha ingreso-gasto que se había abierto. Lo hicieron con el apoyo del FMI, pero las medidas las tomó el Gobierno. Esto, de acuerdo con Walras, no podía quedar aislado del resto de los sectores.
En efecto, reducir el déficit fiscal de 7.9% del PIB a 3.1% en apenas cuatro años tiene un costo. Como en la solución de dicho problema no se consideró hacer una mezcla de política fiscal y monetaria, asegurando secuencias y ritmos adecuados, optando por la aprobación de incrementos en las tasas impositivas, sin una contrapartida en la racionalización del gasto, el costo fue cargado casi en su totalidad al sector productivo, específicamente a la pequeña y mediana empresa y a los trabajadores con menos capital humano.
Esa es la razón, querido lector, por la que a usted le cuesta tanto conseguir un buen empleo, o percibe que la situación social del país tiende a ser amenazante. El resultado es muy simple: los economistas le llaman “crowding out” o efecto desplazamiento. Un incremento abrupto en los impuestos, simplemente le quita espacio al sector productivo y por tanto éste queda anquilosado, tullido.
¿Es necesario entonces un acuerdo con el FMI para salir de este problemón? Yo creo que sí, pero siempre y cuando tengamos claro lo que deseamos. Propongamos objetivos claros, pertinentes e innovadores, acordemos un pacto fiscal, definamos una política monetaria y financiera coherente con el crecimiento económico y después pidamos apoyo al FMI o algún otro cooperante.
Podemos resolver nuestros problemas económicos sin ayuda del FMI. Pero también se puede aprovechar el apoyo de los cooperantes para salir adelante. Sin embargo, éste no será efectivo, si no tenemos una ruta clara y un puerto al que llegar.
 

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