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A propósito del bicentenario de Carlos Marx y su utopía.



Ernesto GálvezPor: Ernesto Gálvez

Tegucigalpa.- Me ha tocado conocer, vivir, y ahora escribir, acerca del filósofo, economista y pensador, posiblemente, el de mayor influencia en el pensamiento moderno, coautor del materialismo histórico y dialéctico que es, ni más ni menos, la tesis político-ideológica más polémica y estudiada en la filosofía, economía y sociología de los últimos doscientos años.

Ha sido tan importante su influencia que junto a Vladimir Illich Lenin, han sido los autores de lo que hoy se conoce como “Marxismo-Leninismo” justamente en honor a ambos personajes de la historia moderna. Aunque, siendo justo, la matriz básica de la tesis del comunismo se constituye inicialmente con Federico Hegel con los elementos fundamentales de la filosofía; Marx con los aportes de la teoría de la plusvalía  y, Lenin, en la teoría y praxis política (leninismo).

El que escribe estudió y abrevó por veinte años en esta fuente ideológica, tanto en la época de estudios medios y superiores como en parte de la vida profesional. Especialmente como docente de sociología y ciencias políticas y como consultor independiente. Incluye la militancia en uno de los dos partidos comunistas que existían en aquellos tiempos. Pero fue Dios el que por su incomprensible amor, permitió que fuese rescatado de semejante error científico e histórico y, lo más importante, me colocase en la lista de espera ante el inminente rapto de la iglesia y con ello, el paso a la vida eterna, junto a quien le ha sido dado todo el honor, el poder, la sabiduría y la magnificencia: Jesucristo de Nazaret. Él es quien tiene toda potestad en el cielo y en la tierra y ante quien toda rodilla se doblará delante de él, cuando todo ojo le verá, unos para juicio y otros para recompensa por haberle aceptado como Señor y Salvador. El cumplimiento de la escatología bíblica no deja ninguna duda, pero somos pocos los que reparamos en ello.

Pero volvamos al tema. Estamos a doscientos años (1818-2018) del nacimiento de este brillante pensador revolucionario, convertido en el profeta de la justicia social de su tiempo, aunque nunca fue activista de ninguna organización política de su época, aunque sí influyente intelectual. Sostuvo que no era suficiente estudiar el mundo, sino que había que transformarlo; confiaba, con fe utópica, en el hombre, creyendo que era producto de la evolución   (seguidor de Darwin) y en la idea que el ser humano nace bueno; esto también lo sostenían los clásicos de la sociología. En esas dos teorías creí a pie juntillas, precisamente, las dos falsas creencias más relevantes del materialismo histórico y dialéctico de la que se derivan todos los errores históricos en los que se basó completamente todo el andamiaje teórico, epistemológico y político del marxismo. Sostenían que si el hombre nace bueno, la sociedad puede llegar a ser igualitaria; no era relevante la propiedad privada y, por consecuencia, la solidaridad y la igualdad y la paz serían logradas con certeza, para lo cual, se debía pasar por dos etapas previas, luego de la toma del poder por la vía violenta: primero establecer la dictadura del proletariado, durante la cual había que destruir completamente el poder burgués sin contemplaciones; luego desarrollar la sociedad socialista, destruyendo la propiedad privada sustituyéndola por la propiedad social-estatal, como paso indispensable para la economía socialista, con un Estado en manos de la clase obrera dirigida por el Partido Comunista, el partido único. Con esta base, y desarrollando la economía la agricultura y la industria colectivizada, se sentarían las bases del Modo de Producción Comunista, que sustituiría el Modo de Producción Capitalista, y que sería la etapa perfecta y última de la sociedad,  donde no habría necesidad de que existiese autoridad, ni gobierno, ni de estado, ni de familia, pues cada ciudadano sería perfecto.

La generación de esta utopía sólo es posible bajo la premisa filosófica que el hombre nace bueno. Esta afirmación se derrumba al revisar la historia humana que registra que, los humanos hemos sido los responsables de muchísimas más muertes que los desastres naturales y plagas en el mundo; recordemos las guerras de todos los imperios, las dos guerras mundiales, la inquisición, entre otras. La historia del socialismo en el mundo entero lo ha ratificado: en todos los países con experiencias socialistas el proceso no pasó de la primera fase: la dictadura del proletariado que, en verdad no fue del proletariado, sino sólo de la élite del Estado y del Partido, quien se encargó de eliminar físicamente, todo atisbo de oposición. La revolución bolchevique eliminó más rusos que todos los muertos de la segunda guerra mundial, no digamos la revolución maoísta china, por ejemplo. Tropicalizando esa experiencia histórica podemos decir hoy: el ser humano políticamente sí es hábil para construir dictaduras, pero no para desarrollar igualdades precisamente, debido a la naturaleza humana que tiende al egoísmo y al mal.

La tesis económicas marxistas del socialismo con sus políticas económicas también fueron utopías, debido al mismo error de nacimiento de la ideología: creer que el hombre nace bueno y que los trabajadores darían todo sin esperar recompensa; los recurrentes fracasos de las economías pro socialistas (propiedad estatal y partido único) demuestran que la riqueza, vista como la producción exitosa de bienes y servicios, ésta no es posible lograrla si no se aplica el principio de la libre competencia que es el motor individualista que activa el crecimiento de la riqueza individual y el desarrollo social integral. El fracaso económico y político, primero en la Unión Soviética y luego en el resto de experiencias socialistas en el mundo entero ratifican esta realidad sociopolítica y económica: el marxismo leninismo, al menos como lo soñaron sus inspiradores no se ha dado, ni se dará, luego de cien años (1917-2017) de experiencia en la tercera parte de la población del mundo: Unión Soviética, Alemania Oriental, Yugoeslavia, Korea del Norte y China Continental, entre otros. Aclaro: el modelo chino no es socialista, excepto en lo del partido único; pero en lo económico, es  cien por cien, capitalista. Las más de treinta “ciudades modelo” desarrolladas en los últimos años han convertido a China en la segunda potencia mundial y eliminando la pobreza a más de cuatrocientos millones de chinos en los últimos treinta años, desplazando prácticamente a los Estados Unidos en la supremacía económica global.

En síntesis, Marx, los marxistas, los leninistas y los neo marxistas no pudieron concretar esa utopía; en consecuencia, la enorme plataforma filosófica, ideológica, económica y política, luego de más de cien años de intentos, la historia la descalificó. Está más cerca el arrebatamiento de la iglesia del Señor y su segunda venida, que la realización de las buenas intenciones marxistas.


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