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La política es cuestión de honor, o no es política



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

Escuchaba declaraciones del diputado Darío Banegas, sobre la falta de honor que observa en algunos diputados.

Hablar del honor en estos tiempos parece poco menos que una cursilería trasnochada, además de la complejidad del concepto. El escritor Clive Lewis decía: “Nos reímos del honor y luego nos sorprendemos de encontrar traidores entre nosotros”.

El honor es una virtud, una cualidad moral que genera positivismo en las acciones de quienes lo profesan, obrando con rectitud, responsabilidad y compromiso. Se tiende a vincular el honor al ámbito castrense, lo cual es un error. Debe ser una característica del perfil de todo militar, pero también de cada servidor público y, fundamentalmente, de los líderes políticos. Una persona de honor tiene palabra, cuando la entrega la cumple, no necesitando estampar su firma en un documento ante testigos. Escribo estas líneas recordando al candidato presidencial de Libre, cuando se comprometió ante la comunidad internacional, de palabra y por escrito, con respetar los resultados del escrutinio electoral, y después del «tirón de orejas» de “Mel” se retractó diciendo que su palabra y firma carecían de valor…

El 27 de enero fue día de protestas y conmemoraciones. Primer año del segundo gobierno “dentro JOH”, entre los retortijones de próceres fracasados y achichincles conspiradores. También del segundo descalabro consecutivo de Nasralla para ponerse la banda presidencial. Tuitea sobre las (mini) protestas: “Honduras es un país en guerra…”, a modo de crónica reporteril a pie de trinchera. Pero no le miramos en las barricadas y tampoco acuerpado por el millón de electores que dice le votaron. El pueblo en las calles tragando el humo cancerígeno de las llantas que queman los comandos, mientras él en televisión presentando un concurso.

Desde hace tiempo sostengo que estamos ante un timador político. Entró en política aprovechando el malestar social, consecuencia de las debilidades de una democracia cuyas autoridades permitieron -en el pasado- la corrupción y la impunidad. Terreno abonado para demagogos populistas, sin ideario político, expertos en el insulto personal que lo utiliza para subir perfil, y ganarse simpatías. Cenutrio en política, narcisista, cree que con un micrófono delante de una cámara, y su estilo “a lo juvenil”, va sobrado para ser presidente. CID Gallup, en su encuesta, no lo tiene como el político más popular, es Nasry Asfura. En cuanto a la aceptación partidaria, según Gallup: Ninguno 37%, Partido Nacional 34%, Partido Liberal 17%, Partido Libre 11%. Nasralla dice que ese 37% corresponden a su partido (virtual) y tuitea: “voy el primero en las preferencias del electorado”. Decía Mark Twain: “Nunca discutas con un ignorante, te hará descender a su nivel y allí te vencerá por experiencia”. Entre un tonto y un ignorante debemos escoger siempre al tonto, porque carece de malicia. Las encuestas de opinión son como los fluidos, se adaptan al recipiente donde coloques los datos para interpretarlos favorablemente.

“Cuestión de honor” es una película de 1992. Tom Cruise, abogado defensor de dos militares acusados de matar a un compañero, interpela al testigo, Jack Nicholson, jefe de la base militar: “Si sus órdenes no se cuestionan y siempre se cumplen, y dio la orden de que nadie tocara al soldado Santiago, ¿por qué era necesario trasladarlo de acuartelamiento para su seguridad?” El coronel, en secreto, había ordenado que castigasen a Santiago aplicándole un “Código Rojo”.

Traslademos la escena a “Mel”, comandos y coordinadores. En los medios anunciaron que las protestas serían pacíficas, pero sus liliputienses comandos «delincuenciales» quemaron llantas, interrumpieron el tráfico, provocando saqueos y vandalismo… Las redes informan incluso de la quema de un perro. No encuentro un adjetivo calificativo, que pueda publicarse, sobre el proceder de estos hijos de santa madre. Parafraseando a Tom Cruise: «Si “Mel” dio instrucciones a sus comandos para que las protestas fuesen pacíficas, y sus órdenes se cumplen, ¿por qué no le obedecieron?» Si le desobedecieron no los controla, teniendo un problema. Pero si hizo como Jack Nicholson, ordenando a sus coordinadores aplicar un “Código Rojo” al pueblo, al que después pedirán el voto, el problema es grave. Sus simpatizantes progresivamente se van distanciando. Las raquíticas protestas lo evidencian, las encuestas también. ¿Estos próceres iluminados realmente creen que así le quitaran a JOH la banda presidencial? Me quedo con el tonto.

“No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra”. -Gandhi-

                                                                                            PG. Nieto.

                                                                                             Asesor y Profesor CICI.

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