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2018, el año de los espantos



thelmamejiaPor: Thelma Mejía

Tegucigalpa.-  Se fue el 2018, un año intenso, de sorpresa en sorpresa, pero también de esperanzas.

Inició como estaba previsto, marcado por la incertidumbre y culmina también bajo la incertidumbre. No fue el año del éxito de la reelección como apostaban algunos, al contrario, fue un año que demostró que muchas cosas y decisiones no fueron las correctas.

Tampoco fue el año del gobierno de la integración, sino del gobierno de Partido, y la víspera indica que los cambios no serán sustanciales, sino que tendremos muchos reacomodos. Será un año tan incierto como el 2018 que provocó enormes espantos en nuestras elites políticas, donde algunos que se creían intocables fueron ligados a hechos de presunta corrupción y narcotráfico.

Por eso fue un buen año, si valoramos cada una de esas acciones. Los casos presentados y judicializados por la MACCIH y la UFECIC del Ministerio Público nos indicaron que Honduras entró en una ruta anticorrupción que está incomodando y poniendo a prueba su institucionalidad y a los operadores de justicia, acostumbrados en su mayoría a exponer ante la justicia a “bubuchas” de la corrupción para perder incluso muchos de los casos.

Si bien los grandes actores de la corrupción todavía no caen, las acciones de la MACCIH y la UFECIC del Ministerio Público indican que se aproximan a ese círculo y que a medida que se acercan, las reacciones son virulentas. Las elites se sienten amenazadas. La entrega de uno de los actores claves del caso Pandora, Fernando Suárez, es un hecho esperanzador, sus declaraciones ante juez natural, obligaría al Ministerio Público a ampliar las acusaciones y presentar nuevos requerimientos fiscales.

Suárez se presentó con todo, es decir, con pruebas documentadas que evidencian que Pandora es solo una expresión de la más vulgar corrupción cometida por nuestras elites políticas y los partidos a quienes representan. Más allá de los nombres o personajes naturales o jurídicos involucrados, el caso Pandora evidencia la forma en cómo opera y ha venido operando, a saber desde cuándo, el sistema de partidos políticos hondureños.

Por eso el 2018 no fue un mal año, todo lo contrario. Fue un año excelente que evidenció la podredumbre de un sector de las elites políticas e incluso empresariales que nunca creyeron que llegarían hasta ellos, mucho menos aquellos considerados “intocables” de la sociedad y la política criolla hondureña. Fue para ellos, el año del espanto.

Un espanto que decidió también confrontarlos con otro delito, común en el país, pero no en Estados Unidos: el narcotráfico. Un hondureño identificado como Devis Leonel Rivera Maradiaga, del desarticulado cartel de Los Cachiros, esbozó en un testimonio ante tribunal estadounidense, su lista de cooperadores en el trasiego de droga en Honduras y se llevó de encuentro a políticos, funcionarios, policías, otras autoridades y tiene hoy en prisión al hijo de un ex presidente, en tanto el actual presidente, vive el martirio que su hermano menor fue capturado por agentes antinarcóticos estadounidenses por presumirlo un supuesto capo a gran escala.

La “Lista Devis” y la “Ruta Kubiske” se marcaron mucho más en el 2018 en Honduras. Las elites fueron advertidas en su momento, pero no creyeron. Hoy ese espanto no lo para nadie. Es cuestión de tiempo.

La sociedad hondureña, ávida de justicia, lejos de valorar los hechos en su justa dimensión, pide la cabeza de los faraones, sin tener en cuenta que las investigaciones no son un libelo, un tuiter o un “me gusta” de Facebook. Investigar es otra cosa, y lo que nos demuestra la MACCIH y la UFECIC del Ministerio Público es que el monstruo de la corrupción hondureña es inimaginable.

La acusación que se hizo al retomar el caso del desfalco del Seguro Social es una muestra más de ese espanto dejado en el 2018. La reacción fue virulenta y el discurso anticorrupción que antes se abrazaba, cuando osó tocar a un intocable, mostró su incomodidad al saltar la llamada presunción de inocencia, entrando al juego mediático la jerigonza de lo legal y lo impune, en una sociedad caracterizada por la apatía y la desinformación.

La duda se siembra entonces no sobre quienes son señalados, sino hacia quienes los señalan o acusan, es decir la MACCIH, el Ministerio Público y los juzgados anticorrupción, sobre los cuales la mirada inquisidora del 2019 será demoledora. Las elites están entusiasmadas con Jimmy Morales en Guatemala y su estrategia suicida de “matar” la CICIG y la lucha anticorrupción en ese país. Aquí se habla ya de reuniones secretas para fulminar la MACCIH y la gestión del fiscal general Óscar Chinchilla, cuyo accionar tiene incómodos a muchos.

Habrá entonces que estar vigilantes para que el 2019 la lucha contra la impunidad sea igual de exitosa que el 2018, porque solo evidenciar a las elites políticas corruptas como se ha hecho, es un logro, es esperanzador para este país digno de mejor suerte.

El 2019 debe ser el año de la renovación de las elites hondureñas en todo sentido, empezando por devolver la ética en la política, pues ésta no última no debe ser satanizada, sino reivindicada con dirigentes que quieran sembrar esperanza, justicia, más no el caos ni la venganza. Diferenciar una cosa de la otra, será un desafío de los hondureños en el 2019. Hay que limpiar la política y sus políticos. De ahí la importancia de la MACCIH y la UFECIC del Ministerio Público, que en medio del desencanto, han comenzado a sembrar esperanza. 

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