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¿Cambio de gabinete?



cosenzaPor: Luis Cosenza Jiménez

Recientemente se dice que el Presidente renovará su gabinete, y esto ha sido celebrado por algunos medios de comunicación.

 

Según estos, la medida es necesaria para que el gobierno cobre nuevos bríos y nos conduzca por la senda del crecimiento económico acelerado y el desarrollo.

Pero, ¿será esto realmente así, o se trata de una maniobra para distraernos de nuestros problemas y así ganar tiempo? Por el lado positivo, la idea de un nuevo gabinete genera esperanza en algunas personas y eso hace que tengan paciencia y le den tiempo al gobierno para que resuelva nuestros problemas. Esto permitiría amainar las aguas y facilitar que el gobierno complete su período. Por el lado negativo, si el cambio no produce resultados, se agravará el descontento y hará más difícil la gobernanza de los próximos años. Veamos por tanto que tan probable es que el cambio de gabinete produzca el ansiado resultado.

Para comenzar, preguntémonos que tan viable será convencer a personas honestas, de talento, experiencia y efectividad, a que integren el gobierno. Recordemos que para muchos se trata de un gobierno surgido de una reelección ilegítima y cuestionada. Recordemos además que, en por lo menos dos ocasiones, se ha dicho que las campañas del Presidente hicieron uso de recursos tomados ilegalmente de varios entes del sector público. Para agravar la situación, no perdamos de vista que el ambiente se ha vuelto más hostil a los funcionarios públicos por las múltiples acusaciones de corrupción que han sido incoadas en los tribunales. En estas circunstancias, pregúntese a usted misma, estimada lectora, si estaría dispuesta a integrar el nuevo gabinete. Me atrevo a pensar que su respuesta sería negativa. Seguramente que habrá algunas personas talentosas, efectivas y honestas que decidirán aceptar el reto, pero me parece que serán la excepción, y no la regla.

Por otro lado, se dice que el talento del director de una empresa, o de un líder en general, consiste en saber rodearse de los mejores colaboradores. Ahora bien, si es necesario un cambio de gabinete es porque quienes ahora lo integran dejan que desear. Puesto de otra forma, el Presidente, quien seleccionó libremente y según su mejor criterio, a los integrantes del gabinete se equivocó al hacerlo. Siendo eso así, y considerando que los posibles candidatos ahora disponibles conforman un conjunto más pequeño que el que consideró la primera vez (por las razones indicadas en el párrafo anterior), ¿qué nos hace suponer que no se equivocará nuevamente? Si ya se equivocó cuando las circunstancias le eran más favorables, pareciera que la probabilidad de que nuevamente se equivoque es muy alta.

Finalmente, reiteradamente se nos dice que todo lo que sucede en el país es por obra y gracia de nuestro Presidente. Sus anodinos ministros continuamente nos recuerdan que los notables resultados que han logrado son una consecuencia de las gestiones del Presidente. Pero si el Presidente es el verdadero actor y los ministros son tan solo una insignificante pieza en el tablero nacional, entonces, ¿quién será el responsable del inaceptable desempeño del gobierno? Le parece, estimado lector, que debemos endilgarle esa responsabilidad a quienes, aparentemente, en el mejor de los casos tienen un papel secundario en nuestra tragedia? ¿Dónde realmente radica la falla?
La experiencia indica que para que un gabinete funcione adecuadamente se requiere de un liderazgo ilustrado del Presidente y de un espíritu de cuerpo en el gabinete. El líder debe saber escoger a sus colaboradores, definir metas y objetivos y dejarlos en libertad. Debe haber total comunión de ideales entre el líder y su equipo, así como respeto mutuo y confianza. Los colaboradores deben saber administrar y contar con más experiencia y conocimiento que el mismo líder en el tema que se les ha confiado. Debe haber ideales compartidos entre colaboradores, conocerse, respetarse y apoyarse mutuamente, aceptando la primacía de la tarea que los convoca por encima de sus intereses y agendas personales. Los gabinetes no se improvisan, llamando a sus integrantes la víspera de su nombramiento para integrar el equipo. Los gabinetes constituidos a último minuto están condenados a la incoherencia, la improvisación, el disenso y eventualmente el fracaso.

Por todo lo expuesto, me parece que el cambio de gabinete muy difícilmente resultará en una mejoría sustancial en el accionar del gobierno. Las condiciones simplemente no están dadas para ello. Pero como tampoco aprendemos de nuestros yerros, me atrevo a pensar que ya luego estaremos hablando nuevamente de otro cambio de gabinete. Lástima. Estamos desperdiciando nuestro tiempo y dándoles más herramientas a los enemigos de la democracia, a quienes eufemísticamente hablan de “refundar” nuestro país, utilizando el modelo venezolano.

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