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Así avanza Patuca III



cosenzaPor: Luis Cosenza Jiménez

Un programa televisivo periódicamente presenta un informe sobre el avance en la construcción de Patuca III. Los informes son siempre positivos y optimistas y el programa eufemísticamente llama al modesto emprendimiento un “mega proyecto”. Para colocar el tema en perspectiva, el proyecto en construcción producirá tan solo una cuarta parte de la energía que genera El Cajón, cuya construcción se completó hace ya más de treinta años. Si Patuca III es un “mega proyecto”, ¿qué calificativo debemos aplicarle a El Cajón? Pero lo triste y preocupante de Patuca III no es su modesto, o pequeño tamaño, sino la opacidad con que se ha manejado su construcción y su exageradamente elevado costo.

Comencemos con su costo. En el Informe de Avance Físico y Financiero de la ENEE publicado por la Secretaría de Finanzas en octubre de 2017, el costo del proyecto es estimado en US$540 millones, es decir, US$ 5,400 por kW instalado. Y esa cifra resulta de utilizar un factor de planta de 39%, empleada en el diseño y la construcción de la central. Si se hubiera empleado un factor de planta más alto, digamos un 50%, el costo por kW instalado hubiera sido de casi US$ 7,000. Recordemos que la construcción del proyecto todavía no termina, por lo que me atrevo a decir que seguramente su costo será aún más alto que el que ha estimado Finanzas.

Pero aun suponiendo que Finanzas tenga razón, resulta que para que el proyecto logre una tasa de retorno de un modesto 11%, la energía producida tendría que venderse a veinte centavos de dólar por kilovatio-hora. Se trata, ni más, ni menos, de la energía más cara de la que dispondrá la ENEE, superando los dieciocho centavos por kilovatio-hora que generosamente se otorgó a los desarrolladores de algunos proyectos fotovoltaicos. En otras palabras, en lugar de mejorar la situación financiera de la ENEE, Patuca III la empeorará. Pareciera que las autoridades son incapaces de tomar una decisión correcta.

Para agravar la situación, resulta que según lo publicado en los medios de comunicación, algunos de los contratos para la construcción del proyecto fueron adjudicados a personas relacionadas con el grupo de los Cachiros. Además de la muy cuestionable forma como procedieron con la construcción del proyecto, ahora la sombra de la corrupción se cierne sobre él. La situación ha llegado a un punto tal que el Tribunal Superior de Cuentas ha publicado un informe muy crítico sobre todo el proceso. A mi juicio, el Ministerio Público en algún momento tendrá que revisar todo lo actuado en este caso y probablemente veremos a varias personas acusadas de diferentes delitos.

Mientras tanto, las finanzas de la ENEE continuarán en franco deterioro. El pasado 16 de abril, uno de los diarios del país informaba que la deuda de la ENEE llegaba a los US$ 1,584 millones, a la vez que informaba que el costo de Patuca III era de US$ 350 millones. Si esa última cifra se corrige para reflejar el estimado de Finanzas, entonces veremos que la deuda estaría llegando a casi mil ochocientos millones de dólares. Como reiteradamente he señalado, el problema de la ENEE es estructural, y no de flujo de caja. Por tanto, su solución no se logra simplemente aumentando la deuda de la ENEE.

Si no se reduce sus gastos y se mejoran sus ingresos, el problema no se resolverá. Mientras se firmen contratos onerosos, como el firmado con EEH, como los pactados con la mayoría de los generadores de energía renovable, y como los suscritos para construir Patuca III, la ENEE continuará acumulando pérdidas y contribuyendo significativamente al déficit fiscal.

Al final, el problema radica en la ausencia de una visión para el sector eléctrico. Las autoridades no dan muestras de contar con tal visión. Es más, las personas que mejor entienden el problema, y por tanto quienes mejor pueden ayudar a definir esa visión, ahora están en el extranjero, lejos de los círculos de poder. Eso hace difícil pensar que la situación cambiará en el corto plazo. El Fondo Monetario seguirá insistiendo, pero no es un experto en el sector eléctrico, por lo que no debemos esperar que la solución provenga de las gestiones del Fondo. El Banco Mundial y el BID ciertamente podrían apoyar, pero no decidir por las autoridades. Y es allí donde está el problema.

En tanto las autoridades no entiendan el problema, en tanto no se apoderen de la solución del mismo, es poco lo que los organismos financieros internacionales podrán hacer. La experiencia nos demuestra, reiteradamente, que cuando se trata de soluciones propuestas por dichos organismos que son aceptadas, a regañadientes o sin entusiasmo, por las autoridades, su destino seguro es el fracaso. Nada sustituye el empoderamiento de las autoridades.

Recientemente escuché unas desafortunadas declaraciones de don Juan Orlando, ofrecidas en una reunión celebrada en El Cajón, explicando,, según él, las razones que justifican renegociar los contratos suscritos con algunos generadores de energía renovable. No sorprende que don Juan Orlando no entienda el tema, después de todo, él no es un experto en el sector eléctrico. Sin embargo, debemos suponer que sus asesores sí entienden el problema y que conocen su solución.

Lamentablemente, después de escuchar las declaraciones, no cabe duda que don Juan Orlando está siendo muy mal asesorado, ya sea porque sus asesores no conocen el tema, o porque tienen una agenda que no coincide con el interés nacional. Pero permítanme tratar este asunto detalladamente en otro artículo. Baste por ahora decir que las declaraciones de don Juan Orlando solo servirán para crear confusión y preocupación entre los inversionistas en el sector. Siempre he sostenido que las tarifas ofrecidas por las autoridades para la mayoría de los proyectos de energía renovable son exageradamente altas y lesivas al interés nacional. No obstante, un error no se corrige cometiendo otro, particularmente cuando para supuestamente enmendar el yerro se debe violentar el estado de derecho.


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