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Dos hermanas sobrevivieron a maras en Honduras, pero eso ya no es suficiente para lograr asilo en EEUU



Dos hermanas sobrevivieron a maras en Honduras, pero eso ya no es suficiente para lograr asilo en EEUU
Autor del artículo: Proceso Digital/Univisión

Tijuana, México - El portal Univisión.com resalta este miércoles la historia de dos hermanas hondureñas que tras ser sentenciadas a muerte por las maras, lograron sobrevivir a la persecución y el secuestro, sin embargo cuando se aprestaban a solicitar asilo en Estados Unidos se encontraron con la declaración del Fiscal General, Jeff Sessions, que negaba esa posibilidad.

Poco antes de intentar entregarse en la garita de Otay en California, Nelly y Stefani –se omiten sus nombres verdaderos- narraron sobre la violencia de la que tuvieron que huir de su querida patria centroamericana.

El relato de las hermanas catrachas da cuenta que pandilleros en su país asesinaron a su hermano y luego al tío que acudió a denunciar ese homicidio a la Policía. Después les dieron cuatro horas para huir y en el camino fueron secuestradas.

Las maras quisieron reclutar a la fuerza a su hermano menor. “Le dijeron que para incorporarlo, tenía que asesinar a unas personas, pero él les avisó a esas personas para que huyeran”, dijo Nelly.

Los pandilleros no perdonaron a su hermano, quien decidió huir y tratar de llegar a Los Ángeles, EEUU, a buscar la protección de una tía. Pero el joven de 22 años desconocía que podía pedir asilo y fue detenido por la patrulla fronteriza al cruzar la frontera en California. Sin pruebas del peligro que corría, fue deportado de regreso a Honduras.

Por un tiempo, la familia lo ayudó a esconderse: el joven vivía por temporadas en diversos sitios y ciudades, “pero siempre daban con él, así que decidió volver a la casa” en San Pedro Sula, donde una tarde los mareros entraron armados y lo hicieron salir para quitarle la vida a la vista de sus familiares.

Indignado, días después un tío de Nelly y Stefani acudió a denunciar el homicidio a la policía, pues conocía a los asesinos. “Pero en menos de una hora los pandilleros ya sabían quién los había denunciado y lo que había dicho, porque la Policía está coludida con las maras”, contó Nelly.

Los mareros se ensañaron al matar en represalia al tío. La familia piensa que fue un escarmiento y mensaje para los hermanos más pequeños, de que no estarían a salvo excepto si se unían a la pandilla.

A las hermanas, los pandilleros apenas dieron tiempo suficiente para recoger los cuerpos de sus familiares ante el médico forense, pero no pudieron quedarse al velorio; les dijeron primero que tenían 24 horas para huir y no volver a San Pedro Sula, pero después redujeron el plazo a cuatro horas.

"Salimos con lo menos que pudimos”, recordó Nelly, “nunca habíamos salido de Honduras y no sabíamos qué iba a pasar”.

Cruzaron Guatemala y el 19 de marzo entraron a territorio mexicano, por donde viajaron con una visa hasta aproximarse a la frontera de Arizona, en el norteño estado mexicano de Sonora donde un grupo delictivo las secuestró.

Las mantuvieron días encerradas mientras ambas, por teléfono, reunían dinero con su familia en Honduras y su tía en Los Ángeles para pagar por su rescate.

Aunque el dinero fue finalmente entregado, los secuestradores las mantuvieron cautivas. “No nos tocaron, no abusaron de nosotras, pero casi no comíamos ni dormíamos, y no podíamos comunicarnos con nadie”, explicó Nelly.

En un descuido de los secuestradores, una noche lograron escapar. En su camino a la frontera de California lograron unirse a la caravana Viacrucis Migrante que atravesó México y llegó a Tijuana en mayo.

Desde entonces han permanecido en un refugio a la espera de la mejor oportunidad para entregarse a solicitar asilo. El viernes pasado era, según habían planeado, el mejor momento para caminar a la garita de Otay a entregarse para finalmente solicitar asilo.

Sin embargo, su abogada les pidió que aguardaran unos días más, para dar tiempo para conseguir una prueba más que afiance su caso.

Varadas en Tijuana

Ese retraso pudo haber salvado a las hermanas, pues el lunes el procurador general Jeff Sessions ordenó que los jueces de migración desestimen el huir de las pandillas y la violencia doméstica como motivos válidos para que Estados Unidos otorgue asilo.

Ahora las hermanas se encuentran varadas en Tijuana por este nuevo giro en sus circunstancias.

Stefani dice que pareciera que Dios les ha puesto una prueba tras de otra, que en cierta forma ella acepta, pero el recuerdo de su hijo pequeño, que quedó en Honduras, mantiene en vilo a la madre soltera.

“Yo quisiera que ya nos hubieran dado el asilo, que tal vez yo ya trabajara para ayudar a mi hijo y a mis hermanos menores. ¿Qué van a hacer si crecen en ese ambiente de pandillas y de violencia?”, reflexionó Stefani.

La tía de ambas, en Los Ángeles, confirmó telefónicamente que las espera. “Lo primero es que logren llegar aquí. Yo soy ciudadana estadounidense, pero estoy incapacitada, por lo que las puedo recibir, pero alguien más tendrá que apoyarlas”, explicó.

Sin recursos, las hermanas continúan en el refugio en Tijuana, ahora a la espera de que, quizás, haya un cambio en la orden que giró el procurador Sessions el lunes, y entonces continuar con su plan de entregarse como víctimas perseguidas de las pandillas.


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