Tegucigalpa.- A mediados de los años setenta, cuando la América Latina retornó a la democracia, el camino más difícil que emprendieron los gobiernos fue la etapa de la transición orientada a cómo inducir a los diversos grupos poblacionales a coexistir en paz, después del conflicto. Honduras enfrenta ahora ese reto.
La
conformación de una Comisión de la Verdad para investigar los hechos
que sucedieron al destrono del ex presidente Manuel Zelaya, ha generado
una serie de controversias entre los grupos más radicales que enfrenta el presidente, Porfirio Lobo.
Las
Comisiones de la Verdad, cobran boga a partir de la década de los
noventa como parte de la presión internacional para que los países
afectados por los conflictos entren en una etapa de curación que
permita abrir el camino hacia un proceso de reconciliación.
Tradicionalmente,
las Comisiones de la Verdad han tenido como fin primordial ser órganos
creados para investigar los antecedentes de violaciones de los derechos
humanos en un país en particular, que puede ser violaciones de las
fuerzas de la oposición, de las fuerzas militares o de otro gobierno o
grupos armados.
Entre
sus principales características destacan que se centran, en primer
lugar, en los acontecimientos del pasado reciente. El fin de las
Comisiones de la Verdad es temporal, que oscila entre los seis meses y
los dos años.
Las
Comisiones de la Verdad, a su vez, explican un patrón de abuso durante
un período de tiempo en lugar de un evento específico. Cuentan con la
aprobación oficial y habilitación del Estado. Ello permite tener un
mayor acceso a la información, mayor seguridad y garantías de que sus
conclusiones serán consideradas.
Una
vez que presentan su informe el Estado acoge las recomendaciones y pide
perdón por los hechos, al tiempo que propone o promueve fases puntuales
en materia de reforma para la reconciliación.
Surgen primeras incomodidades
No
obstante, en el caso hondureño, la conformación de la Comisión de la
Verdad ha iniciado con tropiezos en cuanto a sus objetivos, la
conformación de sus miembros y las expectativas sembradas en la
población, en particular en los bandos favorables al relevo de Zelaya y
los que se oponen al mismo.

| La
designada presidencial y ministra de la Presidencia, María Antonieta de
Bográn, es del criterio que la instauración de la Comisión de la
Verdad, responde a un compromiso obtenido en el Acuerdo Tegucigalpa/San José Diálogo
Guaymuras, suscrito “tanto por don Manuel Zelaya, sus representantes,
como por los representantes de don Roberto Micheletti; ellos lo
firmaron y el presidente Lobo lo que está haciendo es honrando esos
compromisos”. |
“Yo
creo que no se debe especular antes de tiempo, en términos de quiénes
integrarán la Comisión de la Verdad o iniciar calificando o
descalificando miembros”, dijo la funcionaria a la prensa.
En
este sentido, el gobierno del presidente Lobo ha sido claro en el
sentido que “esta es una situación que él va a honrar, que somos
nosotros los hondureños en primera instancia los que tenemos que
planificar los alcances y objetivos de la Comisión para que se sepa la
verdad de lo acontecido antes y posterior al 28 de junio; el gobierno
no quiere abrir más heridas sino comenzar a restaurarlas”, acotó.
Pero
para representantes de los grupos humanitarios hondureños, la creación
de esta Comisión no está muy clara por los propósitos con que surge:
investigar los hechos que llevaron a deponer del cargo a Manuel Zelaya.
Para
ellos, el “derecho a la Verdad” debe ser incorporado como un derecho
humano y no sienten ni ven, por ahora, que esta Comisión tenga entre
sus finalidades abordar los excesos cometidos en materia de violaciones
a los derechos humanos en los últimos siete meses. |
No les gusta pero…
Reina
Rivera, del Centro de Investigación y Promoción de los Derechos Humanos
en Honduras (Ciprodeh), comentó en un foro radial que las
“organizaciones de derechos humanos no estamos presionando porque se
conforme esa Comisión de la Verdad porque no vemos muy claros sus
propósitos aún”.
“Pareciera
que entre las partes que hemos estado en el conflicto, no nos gusta
como esta surgiendo esta Comisión, nosotros registramos hasta ahora 230
procesos judiciales en contra del movimiento popular y social en
contraste con los siete juicios en contra los violadores de los
derechos humanos. Una Comisión de la Verdad debe registrar esos casos
de inequidad en la justicia”, comentó Rivera. | 
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A
su juicio, la conformación de esa instancia debe ser participativa,
integrada con gente de reconocida credibilidad e imparcialidad que
recomiende mecanismos para que Honduras “vuelva a la senda de la
institucionalidad que fue abandonada el 28 de junio; debemos retomar
esa senda para fortalecer nuestro Estado de Derecho. Abrámonos a la
voluntad de políticas en diversos temas, me parece bien, pero yo pido
voluntad política en materia de derechos humanos también”.
Para
el jurista y experto internacional, Rigoberto Espinal Irías, el Estado
de Derecho y la división de poderes debe ser un eje fundamental a
analizar por la Comisión de la Verdad, “porque considero que aquí en
Honduras no ha habido una exagerada violación a los derechos humanos ni
un genocidio como se ha venido diciendo”.
“Hay
que evaluar la situación y eso lo debe hacer esta Comisión que
esperamos no sirva para abrir más heridas ni más confrontación, sino
para que empecemos en este país a respetar la ley y su constitución”,
dijo.
Raúl
Pineda, otro jurista, considera que en este momentos el país vive una
especie de “resaca” de la crisis y que la solución a los problemas del
país deben ser resueltos por los hondureños.
Pineda,
como muchos, cree que la Comisión de la Verdad es una formalidad que
demanda la comunidad internacional, “producto de nuestra debilidad como
nación y de nuestra dependencia económica, no creo haya habido
sistemáticas violaciones a los derechos humanos, Honduras debe ser
gestora de su propio destino y debemos luchar por fortalecer nuestras
instituciones, nosotros somos quienes debemos decidir como hacer las
cosas”, expresó.
Miembros deben escogerse con lupa
A su vez, algunos expertos consultados por Proceso Digital
coinciden en que la conformación de la Comisión de la Verdad se da por
una presión internacional que se negó a aceptar las elecciones de
noviembre pero ante el resultado contundente de las mismas, no tuvo
otra opción que decir que ello “no era suficiente”, que había que
cumplir el acuerdo Tegucigalpa/San José Diálogo Guaymuras.
La
comunidad internacional presiona porque considera que se deben
esclarecer los hechos que condujeron a los actos del 28 de junio. “Es
esta (la comunidad internacional) la que quiere esclarecimientos que
para nosotros son evidentes”, sostienen.
De
ahí que “hay que poner mucha atención a otro imponderable en este
proceso: quién integrará la Comisión de la Verdad. Si las personas que
la forman son representantes de países o miembros de organizaciones que
calificaron al gobierno de Micheletti como “golpista” y hasta se
esforzaron por aislar al país y suspender la ayuda externa, el trabajo
de la Comisión corre el riesgo de que al final va a repetir la condena
a Honduras y, en lugar de contribuir a unir la sociedad hondureña, va a
servir para dividirla más”.
“Hasta
ahora, ese proceso no se ve muy bien. Por una parte, estamos viendo la
intervención de la OEA que ya se sabe que posiciones tuvo durante la
crisis y, por otra parte, al menos una de las personas que está
elaborando los términos de referencia de la Comisión, intervino para
que el Centro Carter no viniera como observadora de las elecciones
generales”, dijo una de las fuentes consultadas.

| Para
la designada presidencial y ministra de la presidencia, María Antonieta
de Bográn, la integración de la Comisión de la Verdad debe ser
ampliamente consensuada y en todo caso, si se tiene la participación de
una entidad o de una personalidad internacional “tiene que ser alguien
que no se haya pronunciado anteriormente a favor o en contra de una de
las dos partes que estuvieron en conflicto”.
Ese
equilibrio será difícil pero no imposible encontrarlo en el lado
hondureño. Como coordinador internacional para definir los alcances y
términos de la Comisión, el gobierno nombró al ex vicepresidente de
Guatemala, Eduardo Stein, con un destacado currículo en materia de
resolución de conflictos.
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Pero Stein, trascendió, fue parte de una delegación del Centro Carter
que llegó al país en medio de la crisis política, y condenó al régimen
de Micheletti al tiempo que demandó castigos más duros para Honduras,
trascendió este fin de semana en círculos diplomáticos.
Ello
podría
dificultar la gestión del presidente Porfirio Lobo que cada día
navega en aguas pantanosas del radicalismo extremo en que se encuentra
gran parte de la nación, que muestra sus temores a lo desconocido en
cuanto los propósitos y alcances que tendrá la Comisión de la Verdad.
Su
conformación sin duda será un respiro para la comunidad internacional,
en particular para Estados Unidos y el Secretario General de la OEA,
Miguel Insulza, que son quienes más presionan para anunciar al mundo
que el pacto Tegucigalpa/San José esta siendo ejecutado como un reloj
suizo y Honduras debe retomar el camino a la reconciliación y el
fortalecimiento democrático.
Pero
en el ámbito de la realidad, la historia puede ser otra. La Comisión
tiene el reto de tejer fino y presentar un informe que probablemente no
gustará a las partes en pugna, pero puede ser el punto de partida para
que el país se reencuentre, fortalezca y reforme lo que se debe
cambiar. El camino de la reconciliación no será fácil, pero llegó el
momento de iniciarlo. |